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lunes, 18 de abril de 2016

El Heroe con un agujero dentro. ¿para que este blog?

Cuando alguien se pone a escribir un blog, debe ser porque tiene algo que decir. Sólo así se entiende que sacrifique uno tiempo de su ocio o de su familia, para dedicarlo a mandar un mensaje al público en general. 

Y yo me pregunto :

¿Para que este blog narrando las vivencias que siento, celebro o padezco con mi hijo, y sobre su trastorno de apego? ¿Que pretendo obtener con esto?

Habrá quien piense que deseo notoriedad, protagonismo o aceptación. Tal vez sea verdad (todos tenemos nuestro poquito de vanidad). Sin embargo, como pretendo mantener en completo anonimato los datos personales de mi hijo, también me veo obligado a mantener mi nombre en el anonimato. Así que poco reconocimiento podré utilizar en mi beneficio.   No obstante, me obligo también (¡que conste!) a que mi anonimato no pueda ser nunca un escudo tras el que ocultarme para criticar impunemente. Por ello, mis críticas o felicitaciones, serán igualmente anónimos, puesto que no pretenderé condenar o ensalzar personas, con sus nombres o apellidos, sino señalar sus actitudes, positivas o negativas, según mi humilde (y sobre todo, personal) opinión.  

Otros pensarán que busco desahogarme. Y es cierto que también me servirá  - de vez en cuando, espero - a tal finalidad, puesto que manifestar opiniones, sentimientos o emociones puede producir
un cierto desahogo, que no viene mal, en efecto.

Pero no, no es esa mi principal intención y objetivo.La  verdadera respuesta es algo más ambiciosa.

Pretendo, nada más y nada menos que cambiar el mundo que me rodea. O mejor dicho, el mundo que me rodea a mi hijo.

Me explicaré: Mi hijo (mi único hijo) padece un trastorno reactivo del apego.

Probablemente, si estas leyendo este blog, no es por casualidad y ya tendrás  alguna idea de en que consiste. Si no,  yo te lo explicaré en las palabras mas simples que pueda. 

Es un trastorno patológico grave que afecta a los niños que han sufrido abandono, malos tratos o dificultades graves para establecer vínculos de afecto con su cuidador primario (padres) en las primeras etapas de su infancia. Es bastante frecuente entre niños adoptados o institucionalizados, especialmente provenientes de países del Este. Aunque también se puede producir por otras causas, como niños que hayan estado mucho tiempo en incubadora, o con padres fríos o distantes, o con cambios continuos de cuidadores. 


Dicho de otra manera; A estos niños les faltaron los estímulos adecuados, justo en el momento en el que deben desarrollarse todos los mecanismos cerebrales que regulan la creación y regulación de los afectos. (Vease el documental El Cerebro del Bebe - https://www.youtube.com/watch?v=5uJiRWmeK5k). 



A eso precisamente me refiero cuando hablo del "agujero dentro", tomando prestado el nombre del testimonio de uno de estos niños cuando tiene que explicar como se siente 

En consecuencia, cuando ha faltado ese elemento básico en la construcción de la personalidad, toda la conducta posterior del bebé que ha sufrido esta falta en el momento justo, manifiesta una notoria dificultad (o incapacidad, en algunos casos) de mantener un comportamiento "normal"  o socialmente aceptable a lo largo de los años sucesivos. 

Esta patología puede producir varias posibles manifestaciones o tipologías. Una de ellas, la que presenta mi hijo, es la de tipo controlador punitivo. Básicamente consiste en la utilización habitual de la amenaza, la coacción y la fuerza como primer mecanismo para alcanzar sus objetivos. Se resiste a cumplir cualquier orden que no le venga en gana obedecer y se muestra desafiante ante cualquier persona que pueda ostentar autoridad. La venganza, la violencia, y los insultos, y de vez en cuando, los golpes, aparecen siempre presente en sus argumentaciones cada vez que no obtiene lo que quiere en el mismo instante en el que lo desea.

Un ejemplo, mejor explicado de lo que yo podría narrar, lo podéis encontrar en el magnífico blog de Jose Luis Gonzalo. http://www.buenostratos.com/2016/04/ninosas-con-caracteristicas-de-apego.html

Como os podréis imaginar tras esta descripción, la convivencia con él no es nada fácil. No es fácil sentir empatía por quien te agrede, insulta y te quiere dominar cuando se enfada. Y casi siempre, estos comportamientos logran que aquel que tiene en frente lo peor de si mismo.

Y como su patología no se puede apreciar a simple vista en su cara, como otras enfermedades mentales (síndrome de down, por ejemplo), ni tampoco afectan a su inteligencia, que es muy grande, y que a menudo, se pone al servicio de su enfermedad, el mundo que le rodea lo ve como un pequeño tirano, maleducado, violento, agresivo, y peligroso al que es mejor evitar lo más posible. O como un futuro delincuente en potencia al que hay que "amaestrar" cuanto antes con mano dura.  

Yo, sin embargo, quiero convenceros para que lo podáis llegar a verlo de otra forma. 

Para mi, es un pequeño héroe, que  aprende poco a poco a rellenar su vacío emocional curando una herida primigenia de la que no es culpable, y con mucho amor y mucho esfuerzo  a regular sus emociones.

Y además, que se ve obligado a romper el estigma que produce en los demás la conducta que se deriva de su enfermedad. 

Por eso, quiero  haceros partícipes de esta aventura de su crianza.

Tal vez así consiga que el mundo que nos rodea pueda cambiar el modo en el que lo mira, y lo vea tal y como yo lo veo.

Y si no puede ayudar a mi hijo, tal vez ayude a otros que vengan detrás de él.

Un cuento con varios finales posible. Y tu .... ¿cual eliges?


Erase una vez un niño que tuvo la mala suerte de nacer en un país lejano, dónde el frío del clima era un presagio de la soledad y desapego que iba a recibir en sus primeros años.

Ya desde la concepción y el embarazo, le falto el amor de su progenitora ( a quien  no podemos llamar, en el estricto sentido del término, madre), y le sobraron otras muchas cosas que no vienen al caso.

No tuvo la suerte de gozar de las miradas de amor de una madre, ni de disfrutar de las sonrisas y carantoñas que guían al niño a sentirse amado. Le faltaron también las caricias de un padre, y el contacto comprensivo y amable de abuelos, tíos, primos, o hermanos. Le faltó, en suma, todo aquello que ni siquiera los animales niegan a sus crías; ese amor, esa calma que da saberse querido incondicionalmente, y aprender a calmarse en el confortable calor del abrazo maternal.

Abandonado de todos, fue rescatado por las autoridades, e ingresado en un orfanato. Allí aprendió a luchar con sus semejantes por un mendrugo de pan o una galleta, o por una mirada de atención. Imaginaros como debió pasar las horas mirando al techo vacío y ausente hasta que descubrió que la rabieta era el único mecanismo para  sentirse acompañado y atendido. Se acostumbró a exigir (y obtener) el amor a puñadas, gritos y estertores.

Y así, fue creciendo entre el frío de las nieves y de la soledad con un inmenso agujero dentro.

Hasta que un día una pareja de aspecto e idioma extraño vinieron a llevarselo a un lejano país, de novedosas costumbres dónde el calor del sol y del amor abundaban .

Pero, ay de el, pobre niño.
Todo el amor y calor de su nueva familia no conseguían llenar el agujero de tremendo frío que estaba dentro de él.

Y así, fueron empezando a desgranarse problemas. Primero, las dificultades para obedecer a sus padres, a lo que, en principio, no dieron gran importancia. En el Colegio, tras no mucho tiempo, saltaron las alarmas. ¡Este niño es hiperactivo, teneis que medicarlo enseguida!. Tampoco conseguía establecer relaciones profundas de amistad con sus compañeros de clase. Mas pronto que tarde comenzó  ser contestatario y algo pegón, y respondía con malas formas a sus padres, profesores, y cuantas personas mayores le recriminaban cualquier aspecto de su conducta. Y de otra parte, intrépido hasta la locura, e inteligente sobre la media, todas sus virtudes se ponían al servicio de su  enfermedad. 

No empatizaba con casi nadie, y nadie simpatizaba con él. Le gustaba provocar reacción en sus semejantes, y para ello, les asustaba con amenazas sanguinolentas, insultos o agresiones livianas. Y sobre todo, intentaba, controlar todas y cada una de las situaciones del día haciéndose el fuerte y dominante. Y cuando las consecuencias llegaban, siempre encontraba alguna manera de culpar a los demás de su conducta. (!Tu me has enfadado, mira lo que has hecho¡). Tenía, de alguna manera, el don de sacar de todas las personas con las que interactuaba lo peor que llevaban dentro.

Y claro, esto no lo hacía precisamente popular en su barrio, ni en su colegio, ni en su familia. Y cuando se percataba del rechazo, una ira inconmensurable le dominaba cegándole por completo. Y comenzó a sentir que la vida era una mierda, y que no merecía la pena vivir de esa forma.  

Y sin embargo, si alguien sabía mirar dentro de aquel torbellino de furia, podía aún atisbar el fondo de un buen corazón deseando amar. Los pocos que se atrevían a llamarse sus amigos sabían que siempre podían contar con él en una pelea. Y los perros del barrio sabían que siempre tenían en él una mano amiga, pródiga en caricias y abrazos.

Llegado este momento, este cuento tiene varios finales posibles:

a) el niño se hizo un joven casi adulto  y quiso llenar su vacío interior adentrandose por las intransitables selvas de la droga, alcohol y la delincuencia. Cada vez se encontró mayor rechazo social y familiar, y tras ingresar en centros de menores , y posteriormente, penales, al final, murió joven, en una espiral de violencia y furia, llevándose por delante a cuantos inocentes osaron enfrentarselo en su camino de violencia y destrucción.

b) Siendo consciente de la imposibilidad de adaptarse al mundo que le rodeaba - o rechazaba, mas bien-, el niño - adolescente ya - en un descuido de sus padres, se suicidó para mejor culpar al mundo del dolor que su herida primigenia le causaba, dejando un reguero de dolor sordo perpetuo en su familia.

c) Aún con muchas dificultades, la familia, y el colegio mantuvieron un esfuerzo coordinado por hacerle sentir especialmente amado y bueno. Pudo tener, por fin, un amigo haciendolo sentir, por primera vez, merecedor del afecto de sus iguales. Un profesor se atrevió a mirar mas allá de su aparencia hosca, y logró hacerse un hueco en su su corazón atribulado. Inconmensurables cantidades de amor y paciencia de todos cuantos le rodearon le ayudaron a llenar su vacío interior y restañar su herida primigenia con el amor de sus semejantes. Y cuando alcanzó la madurez, pudo elevarse más allá de su doloroso origen, y desarrollar una vida plena, criar una familia, y crear relaciones plenas afectivas con cuantos lo rodearon, y hacer felices a sus semejantes siendo féliz el mismo.

Esta claro que nuestro protagonista probablemente haya elegido el final (a) o (b), eso ya lo intuimos.

Pero esa no es la cuestión.

La pregunta es ....

Y tu.... ¿cual eliges?